NI CONTIGO NI SIN TI. LOS INDECISOS EMOCIONALES

Me apetecía escribir un post sobre esas personas que circulan por nuestro universo vital cargados de dudas existenciales y contradicciones sentimentales. Esos seres de aparentes buenas intenciones que se aproximan a otros en un cortejo de promesas infinitas, dulzura, buenos sentimientos, la luna a tus pies, el futuro compartido, la bendición del destino....bla, bla, bla y de esta forma, van tejiendo una tela de araña alrededor de sus víctimas, que inocentes caen con todo el equipo para ver como sus sentimientos sinceros son fagocitados cuando muestran amor real por los susodichos fóbicos al compromiso que corren en modo Usain Bolt cuando ven que ya te han conquistado. Para entrar en pánico emocional en el momento que te alejas con el corazón maltrecho y herido. Ya que en la distancia no pueden vivir sin ti. 


Repito EN LA DISTANCIA no pueden vivir sin ti. 

Ahí comienza el juego perverso. 

Cuando de nuevo te aproximas por sus cantos de sirena, de falsos perdones y promesas de futuro se calzan otra vez las zapatillas de deportes para salir corriendo despavoridos o despavoridas. 

Recordé el libro fabuloso de Walter Riso, Manual para no morir de amor. Busqué información en internet para documentar mis palabras y me encontré con el inspirador blog de este psicológo catalán llamado Joan, aquí os dejo un enlace. Os recomiendo leerlo (todo un descubrimiento)


Y un post donde describe magistralmente lo que yo os quería contar. 

No acostumbro a adueñarme de las palabras de autor. Me gusta ser la guionista de esta bitácora mía particular, sin embargo con el permiso de Joan he decidido sin pudor alguno hacer un copia pega de sus palabras porque van directas al corazón, la mente y el alma. 

Son de gran ayuda para aquellos que en estos momentos tengáis la desgracia de estar lidiando con una relación de este tipo.

IROS DE AHÍ. YA. SIN MIRAR ATRÁS. No perdáis ni un segundo más de vuestro tiempo. Ni entréis en el juego de las oportunidades infinitas. 

Mientras estéis desperdiciando vuestra energía en una relación que a todas luces solo os va a conducir a una locura pasajera y un profundo dolor, estaréis dejando pasar de largo la oportunidad de conocer a personas maravillosas, nobles y maduras. Esas que saben apreciar y valorar a los corazones sinceros y las almas puras.  



¿NI CONTIGO, NI SIN TI? ¡CORRE LO MÁS LEJOS POSIBLE!. Walter Riso.

Si estás en una relación de este tipo, no te queda más que rezar o irte. Mientras el sujeto «anti-compromiso» se lo pase bien contigo y la cosa se quede en lo superficial, todo marchará sobre ruedas. La problemática se hará evidente cuando el «estar bien» toque alguna fibra afectiva de su persona y empiece a sentir que podría enamorarse de ti y perder en consecuencia su libertad.

Hace unas semanas nos enfrascamos con una amiga, en Facebook, en una conversación sobre este tipo de relaciones, Ni contigo, ni sin ti... Los dos habíamos pasado en nuestra vida por alguno de estos tipos de relación y no las acabábamos de entender. Me pidió si conocía algún libro, texto que pudiera dar alguna explicación clara al porqué de estas indecisiones. Los dos veíamos claro que en cuestiones de corazón o se está o no se está, o sientes o no sientes.... He recuperado unos extractos del libro de Walter Riso, Manual para no morir de amor.

Conflicto insoportable, desgastante. Llevas tiempo tratando de acomodarte a una contradicción que te envuelve y te revuelca, te sube y te baja: «Sí, pero no», «No, pero sí». Un amor inconcluso, que no es capaz de definirse a sí mismo, puede durar siglos: cuando estás a mi lado me aburro, me canso, me estreso, pero cuando te tengo lejos, no puedo vivir sin ti, te echo de menos y te necesito. ¡Qué pesadilla! ¿Cómo manejar semejante cortocircuito y no electrocutarse? ¿Semejante contradicción, sin asfixiarse?
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Estás en un embrollo similar? ¿Lo has estado? Si no es así, no cantes victoria, porque cualquiera puede involucrarse en una relación de éstas. Los indecisos afectivos andan por la calle, rondan tu espacio vital y, por desgracia, es posible que le gustes a más de uno. La premisa que debes incorporar a tu mente y que luego operará como un factor de inmunidad es la siguiente: Si alguien duda de que te ama, no te ama. Directo y a la cabeza. Que no me vengan con cuentos: a los enamorados de verdad hay que frenarlos y no empujarlos. El poeta, pintor, novelista y ensayista libanés Khalil Gibran afirmaba en su sabiduría: «El amor y la duda jamás se han llevado bien». Y es verdad: si se harta con tu presencia, ¿para qué vuelves? Si tiene tantas dudas neuróticas, ¿por qué no te alejas hasta que las resuelva? 

Hasta dónde aguantar la indecisión del otro Decenas de miles de personas en todo el mundo son víctimas de las inseguridades sentimentales de sus parejas, quienes, además de causarles un tremendo dolor, les exigen «paciencia». ¿De qué paciencia hablan? En una relación sana y equilibrada, los dos andan a ritmos similares, no a igual velocidad, pero por la misma senda. 

¿Cuánto hay que aguantar? Ni una chispa. Si alguien vacila y se pega al «ni contigo, ni sin ti», la solución debe ser rápida y contundente. Esto puede generar angustia en el dubitativo y es posible que arremeta rasgándose las vestiduras y prometiendo un amor «constante». ¿Otra oportunidad? Muchos la dan. Pero si quieres mantener un comportamiento saludable, sigue este consejo: en cuanto el «ni contigo, ni sin ti» asome, al menor tris: ¡aléjate!

LA TRAMPA DEL RETO PERSONAL
Una mujer atractiva e inteligente había entrado en un juego perverso por culpa de su ego. Le llovían pretendientes y podría haber elegido a cualquiera, sin embargo, tuvo la mala suerte de encontrar un hombre «ni contigo, ni sin ti», que se resistió a caer rendido a sus pies: un día quería y al otro no sabía qué hacer. La mujer, acostumbrada a ganar siempre, se sintió afectada en su autoestima e hizo lo que nadie debería hacer en una situación como ésta: convirtió la conquista en un reto personal. Los retos en el amor no son aconsejables; es como jugar con una granada de mano sin el seguro puesto. Cuando la gente me dice que su relación se ha convertido en un «reto» o en un «desafío», sé que ésta no es buena. Mi paciente estuvo tres años enganchada entre el odio y la alegría esporádica a un amor totalmente indeciso. Es el síndrome del «cazador cazado»: de tanto insistir e intentar resolver lo que no tenía solución, terminó enamorada hasta la médula. ¡Tres años metida de los pies a la cabeza, sin más objetivo en la vida que convencer al otro de que la amara a tiempo completo! Aristófanes, el gran comediante griego, afirmaba: «Si no te quieren como tú quieres que te quieran, ¿qué importa que te quieran?». Dicho de otra forma: si no saben que te quieren, ¿de qué te sirve ese amor? 
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MIEDO AL COMPROMISO AFECTIVO
Los que temen asumir compromisos afectivos manejan un marcado «ni tan cerca ni tan lejos» emocional: «Me gustas, me encanta estar contigo, pero si te introduces siquiera un milímetro en el territorio de mi reserva personal y haces que se tambalee mi soltería/autonomía, me alejaré de inmediato». El problema es que esta manera de pensar no suele hacerse explícita y, por lo tanto, sus «casi parejas» viven en una zozobra permanente. Si estás en una relación de este tipo, no te queda más que rezar o irte. Mientras el sujeto «anti-compromiso» se lo pase bien contigo y la cosa se quede en lo superficial, todo marchará sobre ruedas. La problemática se hará evidente cuando el «estar bien» toque alguna fibra afectiva de su persona y empiece a sentir que podría enamorarse de ti y perder en consecuencia su libertad. De ser así, se alejará o desaparecerá como un suspiro. Ésa es la paradoja perversa que esconde el miedo al compromiso: cuanto más te amen, más se alejarán.
No quiero decir con esto que la soltería sea un error; por el contrario, pienso que dicha elección responde a un proyecto de vida tan válido y respetable como cualquier otro. Los solteros y solteras bien estructurados obran «por convicción» y no por temor, y aunque defienden su independencia, saben hacerle frente al amor y sacarle gusto.
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Cómo afrontar la ambigüedad afectiva y no caer en el juego de una espera inútil

1. NO ACEPTES PASIVA NI CONDESCENDIENTEMENTE EL RECHAZO
¿Por qué debemos aceptar resignadamente la inconsistencia y el rechazo del otro? Una «minidesgana» esporádica es normal y ocurre en todas las relaciones, pero el disgusto hacia tu persona, aunque no sea minuto a minuto, es inaceptable. Tú reconoces cuándo te quieren de verdad, cuándo te aman o se hartan de ti. Tú lo sabes y no necesitas un grupo de especialistas para que te reafirmen lo evidente. Un hombre enamorado, a quien su esposa lo maltrataba psicológicamente, me dijo una vez:
«¡Usted exagera, doctor: no me odia todo el tiempo». 
Su respuesta me desconcertó. ¿Acaso es aceptable que nos torturen sólo un poco? Hay cuestiones donde los puntos medios son inadmisibles. No disculpes el desamor del otro, no te digas: «Ya pasará, hoy está en su pico negativo y mañana volverá a amarme...». Mi recomendación psicológica es sencilla: cuando tu pareja «ni contigo, ni sin ti» entre en la fase de antipatía y/o desprecio, hazte a un lado; no te quedes allí para recibir el desprecio. Retírate, aíslate, demuestra que no estás dispuesto o dispuesta a seguir en esas condiciones. A esta retirada estratégica se la conoce como time out (tiempo fuera): salirse de la situación que escapa a tu control para analizarla desde la distancia. Si lo haces y te alejas, tu comportamiento hablará por ti, aunque no digas una palabra: no acepto tus fluctuaciones afectivas, estás o no estás en lo esencial. Tus dudas no son negociables para mí.

2. NO SALTES AL COMPÁS DEL OTRO
Este punto es un corolario del anterior, una reafirmación del «se acabó». Si decides seriamente salirte del juego, notarás que poco a poco tus emociones empezarán a depender de ti. Este proceso se conoce como autorregulación y permitirá que la actitud dubitativa del otro te afecte menos. Cuando uno es íntimamente fuerte —lo cual significa hacerse cargo de uno mismo («Yo mando sobre mí»)—, lo externo te mueve, pero no te tumba.
Recuerdo el caso de un paciente que saltaba al compás del estado de ánimo de su pareja, quien no había podido olvidar a su novio anterior. Durante los períodos en que ella no recordaba al ex, era amorosa y adorable, pero si la memoria del novio se activaba, se comportaba de una manera distante y odiosa. Lo curioso es que el hombre había desarrollado una perfecta sincronía con esos estados emocionales, de tal forma que pasaba de la depresión a la euforia según se sintiera amado o no por la mujer (la gente cercana podía inferir si ella estaba «nostálgica» del ex, con sólo verlo a él). Al cabo de unos meses de trabajo terapéutico, complejo y difícil, logró crear un ritmo emocional más independiente. Algunos de sus pensamientos afirmativos eran:
«No debo dejarme manipular»,
«No dejaré que me afecten sus emociones negativas»,
«Pensaré menos en ella»,
«Mi vida no puede girar alrededor de su estado de ánimo».
Apoyado en una serie de técnicas psicológicas, comenzó una lucha interior y un plan de resistencia afectivo para no dejarse arrastrar por las dudas que ella manifestaba.
Finalmente, tras varios intentos fallidos por salvar la relación, la mujer volvió con su ex novio. Por su parte, mi paciente, que ya estaba fortalecido, no sintió tanto el golpe y levantó cabeza rápidamente.

3. NO TE ENFRASQUES EN EXPLICACIONES Y DISCUSIONES INÚTILES
Estar con alguien «ni contigo, ni sin ti» puede llevarte a creer que, recurriendo a razones lógicas y bien sustentadas, él o ella se dará cuenta de la causa de sus dudas y cambiará positivamente. No te ilusiones, el problema no se debe a la falta de información; por el contrario: es probable que tus intentos «aclaratorios» terminen creando un clima de oposición negativa aún mayor en el otro. No te enfrasques en una disputa inútil, ni pretendas resolver el problema con demostraciones y argumentos pedagógicos: la causa suele ser mucho más profunda. Además, ¿qué vas a explicarle?:
¿Que un amor normal no tiene tantas oscilaciones y dudas? ¿Acaso no lo sabe? Hay cosas que no se piden. ¿Qué pensarías de alguien que dijera: «Mi pareja me maltrata, ya me ha mandado al hospital dos veces... Yo creo que nos falta comunicación»? Habla menos y actúa más. O te aman como mereces o es preferible que no te quieran.

4. NO CONFUNDAS LOS ROLES: ERES PAREJA Y NO TERAPEUTA
Algunas víctimas del «ni contigo, ni sin ti» asumen el papel de terapeutas y comienzan a tejer teorías de todo tipo (la mayoría sin fundamento y cogidas con pinzas) para explicar la indecisión del otro. En realidad es menos doloroso pensar que alguna «enfermedad» explica el hecho que pensar que simplemente no nos aman por lo que somos. Estos «buenos samaritanos» leen sobre el tema, van a cursos de todo tipo y solicitan ayuda profesional tratando de resolver el enigma que los carcome: «¿Realmente me ama?». Preferimos ser terapeutas que ser víctimas. Una mujer que llevaba más de dos años en este tira y afloja, me decía: 
- «Pobre, él no está bien. No quiere recibir ayuda, pero me gustaría saber cómo sacarlo del agujero en el que se encuentra...».
Esta paciente había tenido tres crisis depresivas y un trastorno de pánico a raíz de la relación tortuosa que llevaba con su ambivalente pareja y ¡prefería ayudarlo a él que ayudarse a sí misma! Y mientras tanto, al hombre parecía importarle un rábano lo que estaba ocurriendo y se negaba a recibir tratamiento, a sabiendas del daño que estaba provocando en ella. ¿No era suficiente motivo para mandarlo a la porra?.
Primero, preocúpate por tus problemas. Intenta curarte de tanto ajetreo y luego, si te quedan fuerzas, toma la decisión: permanecer atrapada o liberarte. Al menos actuarás por convicción. Grábalo a fuego, aunque no te guste: el conflicto de tu pareja respecto a cómo y cuánto te quiere debe resolverlo ella y no tú.

5. NO PERMITAS QUE TE REGALEN LOS OÍDOS
¡Es tan fácil convencer a una persona enamorada!. Esto no significa que no debamos creer a la pareja, sino que en ocasiones es mejor mantener una buena dosis de escepticismo. El criterio de confiabilidad podría ser como sigue: ¿ha cumplido sus promesas en el pasado o te ha defraudado?. El pasado te condena o te realza. Si te ha prometido una y otra vez lo mismo y no ha cumplido, resérvate el beneficio de la duda o, directamente, no le creas. Resérvate el derecho de admisión. Piensa: si ha sido una persona incoherente o contradictoria antes, ¿por qué no habría de serlo ahora?¿Acaso ha sufrido alguna mutación biológica? El amor se tiene que sentir, no es sólo palabras.
Sé que podemos volvernos adictos a las bellas palabras, pero el mejor antídoto contra los cantos de sirena es no perder de vista el contexto de toda la relación. Las palabras se las lleva el viento y lo que queda, a fin de cuentas, son las acciones. Medita esta premisa: ¿De qué te sirve que te regalen los oídos, si te amargan la vida?

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