GESTIÓN DE LAS EMOCIONES: LA IRA

Como comenté en otros posts es importante que aprendamos a gestionar nuestras emociones. Forman parte del ser humano desde que este existe. Su función ha sido y es adaptativa y de supervivencia. 

Son reacciones de nuestro organismo al entorno que nos rodea. Provocan cambios orgánicos en nuestro interior. 

Hace años cuando estábamos en un estado primario también las emociones funcionaban en ese estado primario de forma más brusca y repentina para ayudarnos a sobrevivir. Por ejemplo el mecanismo de huida del miedo ante un depredador o la adrenalina de la ira ante un combate cuerpo a cuerpo durante la lucha de clanes. 



Hoy en día están más condicionadas por nuestras creencias y pensamientos. En definitiva por nuestra forma de percibir el mundo.  

Saber entenderlas, gestionarlas, canalizarlas repercute en nuestro bienestar interno y por tanto en nuestra felicidad y equilibrio emocional. 


Sería genial si existiesen gimnasios de emociones. No basta con tener información de qué son, para qué sirven, debemos entrenar nuevas actitudes cuando surgen dichas emociones. 

ACCIÓN
ACCIÓN 
ACCIÓN

Solo así se producen los cambios


Hoy quiero hablaros de la ira. De todas las emociones básicas del ser humano < tristeza, miedo, sorpresa, aversión, alegría> la ira se  ha granjeado muy mala prensa. 

Se asocia a destrucción. Causar daño. Agresividad.

Y es cierto; esta es su finalidad cuando no se canaliza bien y nos dedicamos a dar coces al prójimo de forma injustificada.

Le suele ocurrir a personas con problemas de autocontrol o  con algún trastorno de la personalidad, como el trastorno paranoide



Sin embargo la ira tiene un lado positivo: IMPULSA EL CAMBIO

Cuando vivimos una situación que nos enfada todo nuestro organismo se pone en modo lucha, se eleva la energía del cuerpo para enfrentar la situación. 

Mientras que la tristeza la disminuye para que podamos parar y reflexionar. La ira la incrementa para ponernos en ACCIÓN y provocar ese CAMBIO

Os pongo dos ejemplos. Una mujer a la que su pareja le engaña; esa rabia la puede motivar para ir al gimnasio, ponerse más guapa, volver a salir con sus amigas, estudiar una nueva carrera... 
Ante una injusticia social que genera ira, la gente sale a la calle a protestar y luchar para conseguir transformar esa situación.

Esta emoción nos conecta con nuestra valentía y también, con el OPTIMISMO y nuestro sentido de justicia. 
Sin embargo desde pequeños nos han enseñado a ocultarla cuando lo dañino es reprimirla <puede causar enfermedades, úlceras en el estómago, por ejemplo> o expresarla sin autocontrol lo que se traduce en agresividad, violencia, explosiones emocionales. 

Bien gestionada te IMPULSA AL CAMBIO, TE MOTIVA, TE AYUDA A LUCHAR CONTRA INJUSTICIAS. 
Debes canalizarla afrontando los problemas de forma asertiva y serena.
Si estás enfadado, enfadada tienes derecho a expresarlo y sentirlo pero de manera adecuada, evitando la violencia física o verbal. 
Si ves que estás a punto de explotar CUENTA HASTA DIEZ, GOLPEA UN COJÍN o GRITA <en solitario> para agotar la energía sobrante que estás sintiendo en ese momento. 
Piensa si tu enfado está justificado o es algo irracional. Reflexiona sobre ello. Medita
Como aconsejo siempre, procúrate un entorno ecológico, libre de toxicidad, de personas que te irriten, te enfaden, te ataquen, te critiquen....
Si no lo puedes evitar por tratarse de un familiar cercano o un jefe, RESPIRA. No entres en su energía agresiva. RESPIRA. Ten claro quien eres y el RESPETO que te mereces. 
Que tu ira, con toda la dosis de energía extra que te va a proporcionar, te potencie para llevarte a un lugar mejor o para hacer de este mundo un mundo más justo para todos








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