LA IMPORTANCIA DE LA AUTOESTIMA Y CÓMO INFLUYE EN TU BIENESTAR
El pensador Krishnamurti decía, "La religión de todas las personas debería ser la de creer en sí mismos".
Esa creencia a la que se refiere se apoya en uno
de los pilares fundamentales de nuestra estructura psicológica: la autoestima.
Es decir, el valor que nos damos a nosotros mismos en función de nuestras
creencias, experiencias y aprendizajes tempranos.
Cuando la percepción que tenemos de quiénes somos
es frágil o distorsionada, es fácil boicotear nuestros propios logros y acabar
viviendo desde la mirada ajena.
En ese lugar, las opiniones de los demás pueden convertirse en una referencia
excesivamente poderosa.
Trabajar
la autoestima no consiste en inflarse el ego, sino en reconocerse honestidad: tanto las limitaciones como las cualidades.
Implica
observarse con cierta distancia, como quien mira su vida desde fuera, y
preguntarse con calma:
¿Cómo me relaciono?, ¿Qué actitud tengo ante los errores?, ¿Qué espero de mí?,
¿Qué me permito?
Algunas
actitudes suelen estar asociadas a una autoestima baja:
·
hipersensibilidad a la crítica
·
búsqueda constante de aprobación
·
dificultad para poner límites
·
miedo excesivo a equivocarse
·
tendencia al perfeccionismo
·
sentimiento frecuente de culpa
·
dificultad para reconocer virtudes
·
locus de control externo (sentir que todo depende
de factores externos)
El
psiquiatra Carl Gustav Jung lo
expresó de forma muy clara:
«Quien
mira hacia fuera sueña; quien mira hacia dentro despierta».
Desarrollar
una autoestima más sana implica ese movimiento hacia dentro.
Conocerse, aceptarse y tratarse con respeto.
Algunos
pilares que suelen fortalecer la autoestima son:
·
Autoconciencia: comprender
cómo piensas, sientes y actúas.
·
Aceptación: conocerte y aceptar quien eres, qué puedes cambiar y qué no.
·
Coherencia
interna: actuar de forma alineada con tus valores.
·
Autocuidado: atender
tus necesidades físicas y emocionales.
·
Diálogo
interno respetuoso: cómo te hablas importa.
Una
autoestima equilibrada no garantiza éxito constante, pero sí mayor estabilidad emocional, sensación de
autoeficacia y bienestar interno.
También facilita relaciones más sanas, una mayor libertad personal y una relación más amable con la vida, incluso en los días grises.
Por último recuerda esta frase del desparecido cómico W.C Fields: No es lo que te llamen, es lo que respondes.