MICROAPRENDIZAJES: LA ALTERNATIVA SALUDABLE AL SCROLLING
Como educadora social observo con
cierta preocupación los estudios que recogen los efectos negativos del scrolling:
ese deslizar continuo por redes sociales, noticias o vídeos que hacemos casi
sin darnos cuenta.
Porque el scrolling rara vez es una elección
consciente.
Suele ser una respuesta automática al cansancio, al aburrimiento o a la
sobreestimulación.
Qué suele
provocar el scrolling continuo
- Fragmenta la atención: saltamos de una cosa a
otra sin integrar nada.
- Aumenta la activación mental: el cerebro
permanece en alerta constante.
- Alimenta la comparación y el FOMO (miedo a
perderse algo).
- Deja una sensación de vacío o cansancio, más que
de descanso.
No porque el contenido sea siempre
malo, sino porque la atención no descansa.
Tengo claro cuál sería el antídoto perfecto para contrarrestar estos efectos: coger un libro y leer.
Qué es un
microaprendizaje
Un microaprendizaje es algo muy
sencillo:
una experiencia breve que concentra tu atención en una sola cosa.
No es un hábito nuevo.
No es una técnica.
No es una obligación diaria.
Puede durar segundos o pocos minutos
y ocurre en medio de la vida real.
Por ejemplo:
- darte cuenta de cómo estás respirando,
- notar cuándo coges el móvil por inercia,
- prestar atención a una emoción sin corregirla,
- leer una idea breve que te hace pensar… y parar.
El aprendizaje no está en hacer más,
sino en darte cuenta.
Ventajas de los
microaprendizajes frente al scrolling
Los microaprendizajes funcionan
mejor para la conciencia diaria porque:
- Tienen intención: eliges qué haces con tu
atención.
- Reducen la sobrecarga mental: una idea, no cien.
- Favorecen la presencia: estás ahí, aunque sea
poco tiempo.
- Cansan menos: no hay una lucha constante por
captar tu atención.
La diferencia no está en el tiempo,
sino en cómo se usa la atención.
Apps de
microaprendizaje (en español o con contenido en español)
Si te ayuda apoyarte en herramientas
digitales, existen apps pensadas para aprender en pequeñas dosis, sin
saturarte:
- Microlearning
Mini-cursos y contenidos breves sobre temas variados. Ideales para aprender algo concreto en pocos minutos y cerrar la app. - Learny (Daily Micro Learning)
Microlecciones diarias con curiosidades, datos y aprendizajes rápidos para alimentar la mente sin sobrecargarla. - SmartyMe
Plataforma de microaprendizaje con contenidos en español sobre creatividad, lógica, habilidades sociales y desarrollo personal. - Duolingo
Aprendizaje de idiomas en lecciones cortas, perfectas como microexperiencias de aprendizaje consciente. - Beelinguapp
Lectura y escucha de textos en paralelo, ideal para aprender idiomas leyendo pequeñas historias.
La clave no es usarlas todas, sino elegir
una y usarla con intención, no convertirlas en otro scroll infinito.
Microaprendizajes
sin apps (los más importantes)
Aquí está el punto clave:
los microaprendizajes más transformadores no necesitan tecnología.
Suceden cuando interrumpes el
automatismo y recuperas, aunque sea por un instante, el control de tu atención.
Un microaprendizaje puede ser:
- parar un segundo, antes de responder un mensaje,
- elegir no mirar el móvil durante un trayecto
corto,
- escuchar a alguien sin preparar mentalmente la
respuesta,
- quedarte con una emoción incómoda sin intentar
taparla.
No parecen grandes cosas.
Pero son pequeños gestos que, repetidos, cambian la relación con la atención,
con el tiempo… y contigo.
Qué puedes hacer,
de forma realista
No se trata de dejar el móvil ni de
hacerlo perfecto.
Basta con pequeños ajustes:
- Sustituir un momento de scroll automático por un
microaprendizaje.
- Elegir conscientemente cuándo miras el móvil y
cuándo no.
- Cerrar un contenido antes de pasar al siguiente.
- Preguntarte de vez en cuando:
¿esto me está nutriendo o solo me entretiene?
En definitiva, vivir más
conscientes, elegir qué información es relevante para ti y protegerte de la
infoxicación.
Y si vas a coger el móvil, que al menos sea para aprender algo útil que ayude a
tu cerebro a desarrollarse.
Aunque, como dije al principio, no
hay nada como volver a las viejas costumbres:
llevar un libro encima y, en los ratos libres —en el bus, durante el café de
media mañana, en casa antes de acostarnos— zambullirnos en historias ajenas que
nos lleven de viaje por lugares inesperados.