BE WATER, MY FRIEND
Volví al lugar que me devuelve a mí.
La naturaleza.
Fue por una de esas ráfagas del
destino suspendidas en lo intangible.
De esas que, de repente, te obligan
a salir de tu propia vida para contemplarla desde fuera.
Y cuando eso ocurre, siempre
necesito lo mismo.
Alejarme del asfalto.
Caminar.
Respirar.
Escuchar algo que no fuera el ruido
de mis propios pensamientos o el bullicio de las calles.
Así que allí estaba, en una tarde de
humedad irreverente y calor incesante. Todo lo incesante que resulta para mí
cualquier temperatura por encima de los veintitrés grados.
Al menos los árboles me devolvían
oxígeno y protección.
Mientras paseaba por el sendero
escuchaba el rugido del río al sortear las rocas.
Siempre me ha fascinado ver cómo
avanza el agua en una secuencia donde todo se conecta en perfecta armonía,
creando ciclos constantes.
El sol la evapora.
Se forman nubes.
Llueve en zonas altas.
El agua cae, desciende y
encuentra su camino fluyendo por el río.
Aunque encuentre rocas, árboles o
curvas, no deja de avanzar.
Si aparece un obstáculo, lo rodea,
se divide en varios cauces, erosiona lentamente la roca, o acumula fuerza hasta
abrirse paso.
No lucha contra cada escollo.
Al final llega al mar y allí, el
sol, de nuevo, evapora el agua.
El ciclo de renovación vuelve a
empezar.
Por eso el agua siempre me ha
parecido una maestra.
No solo porque forma parte de
nuestro planeta.
También porque forma parte de
nosotros.
Aproximadamente el sesenta por
ciento de nuestro cuerpo es agua.
En el agua ocurren casi todas las
reacciones que nos mantienen con vida.
Transporta oxígeno, nutrientes y
hormonas.
Elimina desechos.
Regula la temperatura corporal.
Protege órganos como el cerebro.
Lubrica articulaciones y ojos.
Permite que las células realicen
las reacciones químicas para obtener energía y repararse.
Existe para transportar la vida,
y renovarse constantemente.
En un fluir.
Como nos recuerda una de las
reflexiones más conocidas de Bruce Lee
"Be water, my friend."
"Vacía tu mente. Sé informe, sin
forma, como el agua. Si la pones en una taza, se convierte en la taza; si la
pones en una botella, se convierte en la botella. El agua puede fluir o
golpear. Sé agua, amigo mío."
Su metáfora habla de las
características principales del agua:
Adaptabilidad: el agua
cambia de forma según el recipiente que la contiene sin perder su naturaleza.
Nosotros también podemos aprender a ajustarnos a
los cambios, a las situaciones nuevas o a las dificultades, encontrando nuevas
formas de actuar cuando las circunstancias cambian sin renunciar a nuestra
esencia.
Flexibilidad: cuando
encuentra un obstáculo, el agua no se empeña en seguir una única dirección. Lo
rodea, busca otra abertura, cambia su recorrido y continúa.
En nuestra vida, ser flexibles implica abandonar
la rigidez de pensar que solo existe una manera de hacer las cosas. A veces
avanzar exige cambiar el plan, probar otro camino o aceptar que aquello que
imaginábamos tendrá que ser diferente.
Resiliencia: el agua
parece frágil y, sin embargo, con tiempo y constancia puede transformar incluso
la roca.
También nosotros tenemos más fuerza de la que
imaginamos. Solemos infravalorar los pequeños pasos porque pensamos que los
grandes retos de la vida exigen grandes gestas. Sin embargo, a veces se trata
simplemente de hacer un poco cada día y confiar.
Equilibrio entre fuerza y suavidad: el agua
puede ser un río tranquilo y también una corriente capaz de transformar un
paisaje.
Quizá nosotros también necesitemos aprender cuándo
avanzar y cuándo esperar.
Cuándo insistir y cuándo soltar.
Cuándo hablar y cuándo guardar silencio.
Cuándo necesitamos fuerza y cuándo suavidad.
La sabiduría quizá consista en reconocer la
diferencia.
Una invitación a responder a cada
situación con inteligencia, creatividad y autenticidad.
Siguiendo el flujo de la vida.
Buscando esa fuerza superior
cuando sentimos que nos hemos estancado.
Porque al igual que el agua
estancada se puede volver putrefacta, nosotros también cuando perdemos la conexión
con aquello que nos mueve: el sentido, la esperanza, la fe, el propósito, el
amor, la curiosidad, la motivación.
Y entonces necesitamos volver a aquello
que nos conecta con la vida y al movimiento.
Que nunca olvida hacia dónde se
dirige.
Y que, tarde o temprano, siempre se
encuentra con el mar.
Be water, my friend.
