LA IMPORTANCIA DE LOS VALORES EN LOS PROCESOS DE CAMBIO
Hay momentos en la vida en los que sentimos la necesidad de cambiar.
A veces es una decisión consciente. Otras, es la propia vida la que nos empuja
cuando ya estamos cansados de repetir lo mismo.
El año pasado escribí sobre la importancia de cultivar los valores y sobre cómo mantener el cambio para producir los resultados deseados.
Cuando el
cambio no se sostiene
Es habitual ponerse objetivos, hacer
planes y proponerse “ser distinto”.
Pero con el tiempo aparece el boicot interno, el cansancio o la sensación de
estar forzándose.
Esto suele ocurrir cuando:
- queremos cambiar conductas sin revisar desde
dónde actuamos,
- perseguimos metas que no conectan con lo que de
verdad nos importa,
- intentamos avanzar sin cuestionar nuestro mapa
interno.
No siempre es falta de motivación.
A veces es falta de coherencia interna.
El papel de los
valores en el cambio personal
Los valores son aquello que guía
nuestras decisiones, incluso cuando no somos conscientes de ello.
Se forman muy pronto, en gran parte en la infancia, a través de lo que vimos,
aprendimos y absorbimos de nuestras figuras de referencia.
Actuamos desde ellos de forma
automática, igual que no pensamos cómo coger un tenedor al sentarnos a la mesa.
Por eso, cuando un cambio va en
contra de nuestros valores más arraigados, el cuerpo y la mente se resisten
porque algo dentro no encaja.
Revisar tu
escala de valores
Preguntarte por tus valores no es un
ejercicio teórico. Es profundamente práctico.
Algunas preguntas que pueden
ayudarte:
- ¿Qué tipo de persona quiero ser en mis
relaciones?
- ¿Qué no estoy dispuesto/a a sacrificar para
conseguir algo?
- ¿Qué me genera conflicto interno cuando actúo en
contra?
Cuando hay muchos conflictos
repetidos —laborales, familiares, de pareja— suele haber valores chocando entre
sí, o valores heredados que ya no representan quién eres hoy.
Tres tipos de
valores que influyen en el cambio
Valores éticos
Tienen que ver con cómo te
relacionas con los demás: honestidad, respeto, lealtad, coherencia.
Cuando estos valores no están
integrados:
- aparecen conflictos constantes,
- se rompen vínculos,
- se justifica el daño propio o ajeno.
No se trata de ser perfecto, sino de
asumir responsabilidad por el impacto de nuestros actos.
Valores
pragmáticos
Son los que permiten pasar a la
acción: organización, constancia, perseverancia.
Si estos valores están poco
desarrollados, el cambio se queda en intención.
Y si están muy potenciados pero desconectados de los valores éticos, el éxito
puede lograrse… pero a costa de uno mismo o de los demás.
El cambio sostenible necesita acción
con conciencia.
Valores
emocionales
Tienen que ver con el mundo interno:
calma, paciencia, ecuanimidad, capacidad de autorregulación.
Cuando estos valores faltan:
- cualquier dificultad se vive como un fracaso,
- el malestar emocional desborda,
- el cambio se abandona por agotamiento.
Estos valores se cultivan cuidando
el cuerpo, la mente y los ritmos, no exigiéndose más.
Cambiar desde
la coherencia
Un proceso de cambio sano no empieza
preguntándose qué tengo que hacer, sino:
desde dónde estoy actuando.
Cuando tus valores éticos,
pragmáticos y emocionales están alineados:
- el cambio se vuelve más natural,
- las decisiones pesan menos,
- el camino es más estable.
No porque no haya dificultades, sino
porque hay una base interna que te sostiene.
