POR QUÉ NO ME SIENTO LIBRE

 

Comienza un nuevo año.
Y con él, la sensación de que deberíamos mejorar algo en nuestra vida para sentirnos mejor.

Sin embargo, hay personas —con talento, recursos y posibilidades— que expresan algo muy distinto:

“Me siento atado.”
“No me siento libre.”

Lo he escuchado varias veces a lo largo de mi vida profesional… y también personal.

Desde una mirada simple, pero honesta, esta sensación suele aparecer cuando una persona está en un lugar donde no quiere estar, o desempeñando un papel que no siente como propio.

No es tanto una falta de caminos, sino una vivencia interna muy concreta:

haga lo que haga, siempre pierdo algo importante.

Qué significa no sentirse libre en psicología

En psicología, la libertad no se define como “hacer lo que quiero”, sino como poder elegir sin pagar un coste desproporcionado:
miedo, culpa, castigo, pérdida de vínculo o de seguridad.

Cuando elegir siempre sale caro, el sistema nervioso aprende a no moverse.

Por eso muchas personas no dicen:

“No tengo opciones”,
sino:
“No me siento libre en ningún sitio.”

Las razones más comunes por las que una persona se siente atada

1. Atadura por miedo (control externo)
Cuando elegir tiene consecuencias: enfados, castigos, retirada de afecto, control económico o emocional.

2. Atadura por impotencia (indefensión)
Tras muchos intentos fallidos, aparece el bloqueo:

“Sé lo que debería hacer… pero no puedo.”

3. Atadura por culpa o lealtad (fusión)
Cuando pertenecer exige renunciar a ti:

“Si elijo por mí, traiciono.”

4. Atadura por refuerzo intermitente
Relaciones que alternan daño y cariño:

“Sé que no me conviene, pero algo me tira.”

5. Atadura por relato (disonancia)
Cuando justificar se convierte en una forma de sobrevivir:

“No fue para tanto.”
“En el fondo es buena persona.”
“Me hizo daño porque yo fallé.”

6. Atadura moral
Cuando se vive una injusticia y no hay reparación ni reconocimiento del daño.

La palabra clave: agencia

En psicología hay una palabra para describir esta experiencia, aunque no solemos usarla en la vida cotidiana: agencia.

La agencia es sentir que puedes elegir sin que el miedo, la culpa o el castigo decidan por ti.

No es autoestima.
No es independencia total.
No es rebeldía.

Es la experiencia de sentir que eliges y que tu elección tiene efecto.

Por eso:

una persona no se siente atada porque no tenga opciones,
sino porque ha perdido la agencia:
la experiencia interna de poder elegir sin desaparecer.

Qué NO es recuperar la agencia

1. Irse de golpe

2. Mandarlo todo a la mierda (permíteme la licencia verbal)

3. Ser egoísta

4. Hacer lo que te da la gana sin pensar en las consecuencias

Eso suele ser reactancia: una reacción automática que aparece cuando sentimos que nos quitan libertad, y nos impulsa a hacer justo lo contrario, no por elección consciente, sino para recuperar sensación de control y por inmadurez emocional.

Cómo se pierde la agencia

La agencia se pierde cuando se aprende que:

1. Elegir castigo

2. Decir no conflicto

3. Ser auténtico pérdida

4. Poner límites culpa

Hay algo que ata más que el miedo, más que el control externo y más que la falta de opciones: la culpa no resuelta.

La culpa, en sí misma, no es el problema.
La culpa saludable cumple una función importante:
nos señala que algo que hemos hecho ha ido en contra de nuestros valores y nos invita a reparar, a aprender, a crecer.

El problema aparece cuando la culpa deja de cumplir su función y se convierte en un estado permanente.

Cuando la culpa no enseña, ata.

Una culpa tóxica o no elaborada:

1. no conduce a la reparación,

2. no devuelve coherencia interna,

3. no permite cierre.

Solo mantiene a la persona en una posición de deuda constante consigo misma o con otros.

Y entonces ocurre algo muy concreto:

elegir deja de ser una opción,
porque cualquier movimiento reactiva la culpa.

Por eso muchas personas no se quedan en lugares, relaciones o dinámicas porque quieran, sino porque la culpa les impide irse.

Cuando la culpa se vuelve estructural, el mensaje interno suele ser algo así como:

1. “No tengo derecho a elegir.”

2. “Después de lo que hice, no puedo pedir más.”

3. “Si me cuido, hago daño.”

4.  “Si pongo límites, soy mala persona.”

Desde ahí, la agencia se debilita profundamente.

No porque no haya opciones,
sino porque elegir se vive como una falta moral.

Por eso la culpa es uno de los mecanismos más eficaces para mantener a alguien atado, incluso sin control externo visible.

Entonces el sistema nervioso registra:

“Mejor no moverme.”

Y aparece la frase:

“No me siento libre en ningún sitio.”

Si quieres profundizar con más calma en qué es la culpa, cuándo es saludable y cuándo deja de servir para convertirse en una carga, te puede acompañar este artículo:
¿Qué es la culpa y para qué sirve?

Cómo recuperar la agencia (de forma realista y psicológica)

La agencia no se recupera pensando distinto, sino experimentando que puedes decidir y sostener el coste emocional de decidir sin desaparecer, sin colapsar y sin castigarte por ello.

Por eso no se trata de grandes decisiones, sino de cómo eliges.

1. Recuperar la agencia empieza por distinguir elección de reacción

Muchas personas creen que eligen, cuando en realidad reaccionan:

1. reaccionan al miedo,

2. reaccionan a la culpa,

3. reaccionan a la amenaza de conflicto o abandono.

La agencia aparece cuando introduces un espacio —aunque sea mínimo— entre lo que sientes y lo que haces.

Pasar de:

“No puedo decir que no”

a:

“Puedo elegir qué hago con esta incomodidad”

Ese pequeño espacio ya es agencia.

No elimina el malestar, pero devuelve algo esencial:
la sensación de que tú decides y no solo sobrevives.

2. La agencia se fortalece con decisiones deliberadas, no impulsivas

La agencia se fortalece cuando:

1. sabes qué eliges,

2. sabes por qué lo eliges,

3.  y aceptas el coste real de esa elección.

Por ejemplo:

“Prefiero tolerar el conflicto antes que traicionarme.”

Cuando eliges conscientemente el coste, dejas de estar atrapado.
Porque ya no es el miedo o la culpa quien decide por ti.

3. Microdecisiones: donde realmente se reconstruye la libertad

La agencia no se recupera con grandes cambios vitales, sino con microdecisiones sostenidas en el tiempo.

Decisiones pequeñas, pero reales:

1. no responder inmediatamente,

2. no justificar una decisión simple,

3. decir “esto no me va bien” sin dar un discurso,

4. cambiar una explicación interna que te invalida.

Cada microdecisión que eliges y sostienes, aunque incomode, le devuelve al sistema nervioso un mensaje clave:

“Puedo moverme sin desaparecer.”

Ahí empieza la libertad psicológica.

4. Cambiar el relato interno no es mentirse, es validarse

Cuando una persona pierde agencia, suele perder también autoridad sobre su propia experiencia.

Por eso aparecen relatos como:

1. “No fue para tanto.”

2. “Estoy exagerando.”

3. “El problema soy yo.”

Recuperar la agencia implica reconocer tu experiencia como válida, aunque otros no la reconozcan.

Cambiar:

“No fue tan grave”

por:

“Esto fue grave para mí”

no es victimismo.
Es coherencia interna.

Y la coherencia interna es uno de los pilares de la agencia. El autoengaño ata.

5. Tolerar la incomodidad es parte central de recuperar libertad

Elegir casi nunca es cómodo cuando has vivido mucho tiempo sin agencia.

Elegir puede activar:

1. culpa,

2. miedo,

3. ansiedad,

4. sensación de peligro relacional.

La diferencia es que ahora no interpretas esa incomodidad como una señal de que estás haciendo algo mal, sino como parte del proceso de volver a elegir.

No se trata de eliminar el malestar, sino de aprender a decirte:

“Esto es incómodo, pero no es una amenaza.”

Ahí el sistema nervioso deja de bloquearse.

6. Cuando la culpa está en el centro, la agencia se recupera elaborándola

Si la culpa es estructural, no basta con “poner límites”.

Hay que preguntarse:

1. ¿Esta culpa me invita a reparar o solo me mantiene en deuda y atado o atada a lugares o personas?

 ¿Estoy pagando algo que ya no tiene reparación posible?

3. ¿Estoy usando la culpa como castigo permanente?

La culpa sana enseña y se cierra.
La culpa no elaborada ata.

Recuperar la agencia aquí no es ignorar la culpa, sino revisar su función real:

1. qué parte es responsabilidad,

2. qué parte es auto-castigo,

3. qué parte ya no sirve.

Cuando la culpa deja de decidir por ti, la agencia reaparece.

7. Recuperar la agencia no es cambiar de vida

Puedes cambiar de trabajo, de relación o de entorno…
y seguir sintiéndote atado por dentro.

Porque la agencia no es externa.
Es la experiencia interna de ser autor de tus actos.

Recuperarla es volver a sentir:

1. que eliges,

2. que tu elección tiene efecto,

3. y que no tienes que desaparecer para pertenecer.

Y no es un privilegio: es una necesidad básica. Se llama libertad