CÓMO SUPERAR LOS OBSTÁCULOS VITALES: ENTENDERLOS, ATRAVESARLOS Y ELEGIR LO QUE TE CUIDA

 

A lo largo de la vida, todos nos encontramos con obstáculos.

Un muro que se interpone entre nosotros y lo que deseamos: una relación que se rompe, una enfermedad, una pérdida, un cambio inesperado, una decisión que no llega o una realidad que no se mueve por mucho que lo intentemos.



No siempre podemos evitar los obstáculos, pero sí podemos aprender a relacionarnos con ellos de una forma más consciente. Porque no todos los obstáculos son iguales, ni todos se superan de la misma manera.

Qué es realmente un obstáculo vital

Un obstáculo no es solo “algo malo que ocurre”. Es cualquier situación que interrumpe, dificulta o bloquea el camino que creíamos tener delante.

Muchas veces, el mayor impacto no viene de lo que sucede, sino del choque interno entre:

  • Lo que esperábamos que pasara
  • Y lo que está pasando en realidad

Ese choque genera frustración, miedo, rabia o tristeza. Y ahí empieza el verdadero trabajo interior.

Cómo reacciona el cerebro cuando aparece un obstáculo

Cuando algo no sale como estaba previsto, el cerebro entra en modo alerta. Busca respuestas, soluciones, explicaciones. Si percibe que el obstáculo es una amenaza o que no tenemos control sobre él, el estrés aumenta y tendemos a reaccionar de forma automática: huir, luchar, bloquearnos o repetir patrones que ya conocemos.

Sin embargo, hay una diferencia clave: no reaccionamos igual ante un obstáculo que sentimos controlable que ante uno que percibimos como incontrolable.

Cuando creemos que podemos hacer algo (aunque cueste)

Aparece una energía tranquila, no eufórica, pero suficiente para movernos.

Por ejemplo:

  • Una conversación pendiente: sabes que será incómoda, pero intuyes que hablar puede aclarar algo o poner un límite. No te apetece, pero te preparas y la afrontas.
  • Un cambio gradual de hábito: no puedes transformar tu vida entera, pero sí empezar por caminar 10 minutos, apagar el móvil antes de dormir o pedir ayuda.
  • Un problema laboral concreto: no te gusta tu trabajo, pero ves opciones reales (formarte, actualizar el currículum, hablar con un superior). Hay miedo, pero también dirección.
  • Un proceso emocional: sabes que necesitas atravesar una tristeza o un duelo y, aunque duele, te permites sentir y buscar apoyo.

Cuando sentimos que da igual lo que hagamos

La energía se drena y aparece la sensación de estar atrapados.

Por ejemplo:

  • Intentar cambiar a alguien que no quiere cambiar: hablas, explicas, insistes… y nada se mueve. Con el tiempo, llega el agotamiento.
  • Repetir una discusión circular: siempre acaba igual, sin escucha ni avance. Cada intento resta más energía que la anterior.
  • Un entorno que no responde: haces esfuerzos, te adaptas, cedes… pero la situación externa sigue siendo la misma.
  • Forzarte a “estar bien” cuando algo no depende de ti: exigirte calma, por ejemplo, cuando hay una injusticia generada por otros que te afecta de forma directa.

Por eso no se trata solo de “ser fuerte”, sino de saber discernir qué tipo de obstáculo tenemos delante.

Los obstáculos como muros en el camino

Una metáfora sencilla —y muy útil— es imaginar los obstáculos como muros que aparecen en nuestro camino vital. No todos los muros son iguales, ni todas las respuestas son derribarlos.

1. Muros endebles: los que se pueden derribar

Son obstáculos pequeños o concretos. No siempre fáciles, pero sí abordables.

Ejemplos cotidianos:

  • Una conversación incómoda que llevas tiempo evitando
  • Un hábito que sabes que te resta bienestar
  • Una decisión práctica que pospones por miedo

Estos muros suelen caer cuando:

  • Actúas con claridad
  • Pones un límite
  • Tomas una decisión pendiente

Aquí el trabajo es acción consciente. Derribar el muro no significa que no dé miedo, sino que el miedo no dirige la decisión. De hecho la valentía es hacer algo aunque tengas miedo.

2. Muros altos: los que se pueden escalar

Son obstáculos importantes, de los que no se sale de un día para otro. Requieren tiempo, paciencia y recursos internos.

Ejemplos:

  • Un duelo
  • Un cambio profesional profundo
  • Una enfermedad con la que hay que aprender a convivir
  • Reordenar una relación familiar compleja

Estos muros no se derriban de golpe. Se escalan paso a paso. Aquí la clave no es la prisa, sino:

  • Regular las emociones
  • Pedir apoyo cuando hace falta
  • Aceptar que habrá días de avance y días de cansancio

Escalar un muro es un proceso de crecimiento interior. No elimina el dolor, pero transforma la forma de sostenerlo.

3. Muros inviables: los que piden dar media vuelta

Y aquí llegamos a uno de los aprendizajes más difíciles —y más liberadores—.

Hay obstáculos que no están bajo nuestro control, por mucho que lo intentemos.

Ejemplos claros:

  • Una pareja que te engaña y decide no cambiar
  • Una persona que no quiere asumir responsabilidad
  • Una situación externa que no depende de ti

Insistir en derribar o escalar estos muros suele generar desgaste, frustración y una sensación profunda de impotencia. No porque te falte fuerza, sino porque no todos los muros están hechos para ser atravesados.

A veces, el verdadero acto de fortaleza es cambiar de camino.

Es elegir no seguir chocando contra lo que no responde.

Qué determina que una persona supere un obstáculo y otra no

No tiene que ver solo con carácter o voluntad. Influyen varios factores:

  • La percepción de control: saber qué depende de ti y qué no
  • La relación con las emociones: permitir sentir sin quedar atrapado
  • La flexibilidad mental: soltar una idea cuando deja de servir
  • El apoyo: no hacerlo todo en soledad

Superar un obstáculo no siempre significa “resolverlo”. Muchas veces significa integrarlo, aprender de él o dejar de luchar contra lo que no cambia.

Una clave esencial: no todos los obstáculos piden la misma respuesta

Parte del sufrimiento aparece cuando intentamos:

  • Derribar muros que no se pueden derribar
  • Escalar muros cuando estamos agotados
  • O dar media vuelta por miedo, cuando sí podríamos avanzar

La madurez emocional consiste en discernir. Escuchar qué tipo de obstáculo es este, aquí y ahora, en tu vida concreta.

Los obstáculos no llegan para castigarnos, pero sí para interrumpir inercias y obligarnos a mirar más profundo. Algunos nos fortalecen al atravesarlos. Otros nos enseñan a soltar. Y otros nos invitan a elegir un camino distinto, más alineado con quiénes somos hoy y con nuestros valores personales.

No siempre podemos cambiar lo que aparece en el camino, pero sí podemos cambiar desde dónde lo enfrentamos. Y ahí empieza una forma más humana y compasiva de vivir....y mucho más feliz.