COMO NOS EMPUJAN A DIVIDIRNOS: LA PSICOLOGÍA DE LA POLARIZACIÓN SOCIAL

 

Hoy, en una cafetería de mi ciudad, mientras tomaba mi té matcha favorito -el de arándanos-, empezó a sonar de fondo Imagine, de John Lennon, una canción que con los años se convirtió en un himno pacifista: una mezcla poética, esperanzada y utópica de un mundo sin fronteras y en paz.


Un lugar soñado, bastante alejado de la situación actual, caótica, radicalizada y polarizada que vivimos en muchas partes del planeta.

Conversaciones que antes podían ser matizadas —porque entendíamos que la democracia se basa en respetar la opinión del otro, aunque no la compartamos— se han vuelto más tensas.

Cada vez es más frecuente reducir a las personas a etiquetas, la mayoría de las veces injustas y simplificadoras:

“facha”
“charo” 
“nazi”

Si dices, “el facha ese” sobre alguien solo por tener ideas más conservadoras, ya has levantado un muro difícil de atravesar. La persona deja de ser un individuo, la deshumanizas.

En ese momento el debate deja de ser un intercambio de argumentos y se convierte en una defensa de la identidad.

Y cuando eso ocurre, el diálogo se vuelve mucho más difícil, por no decir imposible.

Pero ¿qué está pasando realmente?

La polarización no surge por casualidad.

Surge porque beneficia a distintas dinámicas sociales y sistemas de comunicación, y tiene un efecto psicológico importante: debilita el pensamiento crítico y nos vuelve más manipulables.

Cuando una sociedad se divide en bandos enfrentados:

  • la política moviliza más a sus votantes
  • los medios generan más audiencia con el conflicto
  • las redes sociales obtienen más interacción con contenidos emocionales
  • los grupos refuerzan su identidad frente a un enemigo común

El conflicto se convierte así en un combustible muy eficaz para movilizar emociones, identidades, audiencias y votos.

Por eso comprender estos procesos no es solo una cuestión política. Es también una cuestión de bienestar psicológico, convivencia, salud social y LIBERTAD PERSONAL.

Voy a intentar explicar de forma sencilla cómo funciona nuestro cerebro y por qué es tan fácil influir en él.

Nuestro cerebro es tribal

Durante la mayor parte de nuestra historia evolutiva, los seres humanos vivimos en pequeños grupos.

Nuestro cerebro evolucionó para distinguir rápidamente entre:

  • quienes pertenecen al grupo
  • quienes son extraños

Este mecanismo era útil para la supervivencia.

Por eso solemos sentirnos más cómodos cuando alguien comparte nuestras ideas y más tensos cuando alguien cuestiona nuestras creencias. Pura lógica.

La psicología social ha demostrado que tendemos a favorecer automáticamente a nuestro propio grupo y a desconfiar del grupo contrario.

Como seres sociales tendemos a formar parte de una mente colectiva

Te sorprendería saber que algunos de los principios que hoy se utilizan para influir en la opinión pública no son nuevos.

A lo largo de la historia, distintos sistemas políticos han estudiado cómo funciona la mente colectiva para moldear la percepción social.

Uno de los ejemplos más conocidos fue el del ministro de propaganda nazi Joseph Goebbels, responsable de la maquinaria propagandística del régimen de Hitler.

Goebbels entendió muy bien algunos mecanismos psicológicos básicos: que los mensajes simples, emocionales y repetidos tienen un enorme poder sobre la percepción colectiva.

A él se le atribuye una frase que resume esa lógica propagandística:

Una mentira repetida mil veces se convierte en verdad.”

Hoy sabemos que esta idea tiene una base psicológica real.

En psicología cognitiva se conoce como efecto de ilusión de verdad: cuando una afirmación se repite muchas veces, el cerebro tiende a percibirla como más familiar y, por tanto, más creíble.

No es necesario que el mensaje sea complejo.
Basta con que sea simple, emocional y repetido.

Esto significa que, dentro de un grupo, el individuo puede llegar a perder parte de su juicio crítico y dejarse llevar por la corriente dominante.

El error inducido es:

“Si la mayoría piensa así, quizá mi juicio sea equivocado”. Entonces la persona se adapta.

Cómo empieza la radicalización

La radicalización rara vez aparece de repente.

Suele comenzar con una sensación de injusticia o frustración. Después aparece una narrativa sencilla que explica el problema y señala a un culpable.

Ese proceso puede llevar a la creación de un enemigo simbólico que se convierte en el foco del rechazo colectivo.

“Todos los hombres son posibles violadores”
“Todos los musulmanes son terroristas”
“Necesitamos un reemplazo generacional para expulsar a fachas y machistas”

Son consignas, no hechos. Y la verdad reside en los hechos no en las consignas, opiniones o narrativas.

La estrategia de comunicación es la de Goebbels:

·        simplificar el mensaje al máximo

·        repetirlo de forma constante.

El poder de los titulares

Otro elemento clave en cómo percibimos la realidad son los titulares y la comunicación persuasiva.

Los medios (algunos) no solo informan: también enmarcan la realidad, y ese encuadre influye en cómo interpretamos lo que ocurre.

Un recurso frecuente en comunicación es la llamada regla de los tres atributos.

Consiste en describir a una persona o situación con tres rasgos emocionales para provocar una identificación inmediata.

Por ejemplo, algunos titulares describían recientemente a Renée Nicole Good —que murió durante una operación del servicio de inmigración estadounidense— como:

“madre, poeta y activista”.

Tres palabras cuidadosamente elegidas que construyen una imagen emocional muy potente y una reacción de indignación también potente.

Nuestro cerebro procesa mejor las historias con elementos humanos y emocionales porque generan empatía. Más si es una historia trágica.

Pero esta dinámica también tiene otra cara.

En el mundo ocurren cada día tragedias que apenas reciben cobertura mediática. Cuando algo no aparece en titulares, desaparece casi por completo de la conciencia colectiva.

Nuestra percepción del mundo no depende solo de lo que ocurre, sino también de lo que se cuenta, cómo se cuenta y con qué finalidad se cuenta.

Y eso genera injusticias: víctimas como herramienta para hacer política, víctimas silenciadas, víctimas honradas, víctimas olvidadas…

El papel de las redes sociales

Las redes sociales no crean la polarización por sí solas, pero sí pueden amplificarla.

Los algoritmos tienden a mostrar más contenido que genera reacción emocional.

Y las emociones que más interacción generan suelen ser:

  • indignación
  • miedo
  • enfado

Además, muchas personas terminan dentro de cámaras de eco, espacios donde predominan opiniones similares a las propias.

Esto refuerza la sensación de que el propio grupo tiene razón y que el otro grupo está equivocado o es peligroso.

Por eso es importante también establecer límites digitales.

La desensibilización

Otro fenómeno importante es la desensibilización.

Cuando una persona se expone repetidamente a noticias violentas o insultos políticos, su reacción emocional disminuye.

Lo que antes parecía excesivo empieza a parecer normal. Incluso la violencia verbal o física.

El impacto de las noticias negativas en nuestro cerebro

Hoy sabemos que las noticias negativas captan más nuestra atención y se recuerdan mejor que las positivas.

De hecho, varios estudios han mostrado que los titulares con palabras negativas generan más clics y más consumo de noticias que los titulares positivos.

El resultado es una especie de círculo psicológico.

Las noticias negativas atraen más atención, generan más interacción y por tanto se difunden con mayor facilidad. 

Pero al mismo tiempo, cuando estamos expuestos constantemente a ese tipo de contenido, nuestro cerebro puede permanecer en un estado de alerta prolongado.

Con el tiempo esto puede alimentar sensaciones de miedo, indignación o desconfianza hacia los demás.

Y así, poco a poco, el clima emocional de una sociedad puede volverse más tenso, más polarizado y más manipulable.

Por eso comprender estos mecanismos no significa adoptar una posición política concreta.

Tampoco significa renunciar a defender aquello que consideramos justo o a luchar por los valores que creemos importantes.

Significa reconocer que los seres humanos somos vulnerables a ciertos procesos psicológicos:

  • identidad de grupo
  • contagio emocional
  • simplificación del adversario
  • presión social

Y comprender que el odio —el real, no el que a veces se invoca para limitar el debate o la libertad de expresión— solo genera más odio.

 

….Imagine all the people living life in peace….