CÓMO RECUPERAR PARTES DE TI QUE HAS IDO OLVIDANDO CON EL TIEMPO

 

El otro día fui a visitar la casa de un familiar en el campo.

Mientras paseábamos, me enseñó el huerto que había plantado hacía unos meses.

Cada parcela contaba una historia diferente.

Ahora empiezo con los tomates.

Las patatas ya están listas para recoger.

¿Ves las hojas de las lechugas? Ya indican que ha llegado el momento también de recogerlas.

Me hablaba de los tiempos que necesita cada cultivo.

De cuándo regarlo.

De cuándo dejarlo descansar.

De cuándo la naturaleza hace su trabajo sin necesidad de intervenir.

Mientras le escuchaba, no podía dejar de pensar en lo mucho que ese huerto se parecía a nosotros.

Porque, en esencia, somos seres multidimensionales.

Un terreno dividido en distintas parcelas que necesitan cuidados diferentes.

Somos hijos o hijas.

Padres o madres.

Parejas.

Amigos.

Amigas.

Profesionales.

Personas que disfrutan aprendiendo.

Que necesitan descansar.

Que encuentran paz caminando por el monte, leyendo un libro o contemplando el mar.

Que crean.

Sueñan.

Dudan.

Aprenden.

Espirituales o no…

Hay facetas infinitas que pueden formar parte de nuestra identidad.

Y cada una necesita algo para seguir viva.

Tiempo.

Atención.

Energía.

Si durante meses solo alimentamos una de ellas, esa parte crecerá.

Pero las demás comenzarán, poco a poco, a perder fuerza.

Y con ellas, también una parte de nosotros.

A veces creemos que nos falta motivación.

Que nos hemos vuelto personas más apagadas.

Que nuestra vida ha perdido algo.

Y, sin embargo, en ocasiones el problema no es que la vida haya perdido sentido.

Es que una parte importante de quienes somos lleva demasiado tiempo esperando.

La psicología lleva décadas estudiando este fenómeno.

Sabemos que el tiempo, la atención y la energía son recursos limitados.

La Teoría de Conservación de Recursos explica que no podemos invertirlos de manera infinita.

Cuando una parcela de nuestra vida consume casi toda nuestra energía, inevitablemente quedan menos recursos para las demás.

Algo parecido ocurre con los distintos papeles que desempeñamos.

La Teoría de los Roles explica que nuestra identidad está formada por múltiples roles que conviven entre sí.

El problema aparece cuando uno de ellos invade sistemáticamente a los demás.

Los psicólogos llaman a este fenómeno conflicto entre roles.

Y quizá el ejemplo más evidente sea el trabajo.

La mayoría de los adultos pasamos una parte muy importante de nuestra vida trabajando.

Ese no es el problema.

El problema aparece cuando el trabajo no termina al salir de la oficina.

Cuando una reunión pendiente ocupa toda la cena.

Cuando una llamada interrumpe un paseo con nuestros hijos.

Cuando respondemos un correo mientras nuestra pareja nos está contando cómo ha ido su día.

Cuando el cuerpo está en casa, pero la mente sigue sentada frente al ordenador.

Sin darnos cuenta, el yo profesional empieza a ocupar el espacio del resto de nuestros "yo".

Y entonces pueden aparecer frases que escuchamos con frecuencia.

"No sé qué me pasa."

"Últimamente no disfruto de nada."

"Siento que he perdido la ilusión."

Es importante hacer aquí una puntualización.

La depresión, la ansiedad o el agotamiento emocional son fenómenos complejos que pueden tener múltiples causas y, cuando aparecen o persisten, necesitan una adecuada valoración profesional.

Pero también es cierto que muchas personas viven permanentemente desconectadas de partes esenciales de sí mismas.

Y ese alejamiento termina pasando factura.

Quizá hace meses que no ves a tus amigos.

Quizá dejaste de pintar.

De escribir.

De tocar un instrumento.

Quizá llevas años cuidando de todo el mundo y hace demasiado tiempo que no te cuidas a ti.

Quizá hace meses que no sales a caminar.

Que no lees.

Que no aprendes nada nuevo.

Que no visitas a tus padres sin mirar el reloj…

Y cuando una parte importante de nuestra identidad permanece olvidada durante demasiado tiempo, algo dentro de nosotros empieza a apagarse.

Vivimos en una sociedad que constantemente dirige nuestra atención hacia fuera.

Las pantallas.

Las obligaciones.

La productividad.

Las prisas.

Las notificaciones.

Siempre reaccionando.

Y muy pocas veces deteniéndonos a preguntarnos cómo estamos de verdad.

Cómo estamos haciendo este viaje.

Y, sobre todo, quiénes estamos siendo mientras lo recorremos.

Existe otro concepto muy interesante dentro de la psicología: el enriquecimiento entre roles, la antítesis del conflicto de roles.

Esta teoría sostiene que hay determinadas facetas de nuestra identidad que pueden fortalecer a otras.

Por ejemplo, quien dedica tiempo a sus amistades suele gestionar mejor el estrés.

Quien cuida su salud dispone de más energía para su familia y para su trabajo.

Quien reserva espacio para aprender, leer o desarrollar una afición acostumbra a sentirse también más creativo y resolutivo en su vida profesional.

No se trata de repartir el tiempo de manera matemática.

Se trata de no olvidar quiénes somos y de tener la capacidad de dirigir nuestra propia vida. 

Liderarnos significa decidir conscientemente dónde ponemos nuestra atención, nuestra energía y nuestro tiempo.

Porque, al final, aquello a lo que prestamos atención termina creciendo.

Entonces, ¿cómo podemos expresar nuestro máximo potencial?

Te propongo un ejercicio.

Escribe todas las versiones de ti que hoy existen.

Por ejemplo:

  • Mi yo profesional.
  • Mi yo padre o madre.
  • Mi yo hijo o hija.
  • Mi yo pareja.
  • Mi yo amigo.
  • Mi yo salud.
  • Mi yo crecimiento personal.
  • Mi yo descanso.
  • Mi yo creyente.

Añade todas aquellas que para ti sean importantes.

Después observa esa lista en silencio.

Y pregúntate:

¿Hay algún "yo" que casi había olvidado que existía?

Ahora ordénalos.

No según lo que la sociedad espera de ti.

Sino según lo que realmente es importante para tu vida, poniendo en el número 1 de la lista lo más importante y al final lo menos importante.

Después vuelve a preguntarte:

  • ¿Qué faceta de mí recibe hoy casi toda mi energía?
  • ¿Cuál lleva demasiado tiempo esperando?
  • ¿Qué puedo hacer esta semana para volver a prestarle atención?

Reserva también un momento cada semana para revisar tu propio "huerto" y observa.

Puedes preguntarte:

  • ¿Qué he cultivado esta semana?
  • ¿Qué he dejado completamente de lado?
  • ¿Estoy viviendo según mis prioridades o simplemente reaccionando a las urgencias?
  • ¿Qué parcela necesita ahora un poco más de mí?

Igual que un agricultor sabe que una buena cosecha depende de cuidar toda la tierra y no solo una parte, nosotros también necesitamos mirar nuestra vida con perspectiva.

Porque solo quien se detiene a reflexionar puede saber qué necesita cultivar.

Y ahí, quizá, resida la clave para desarrollar todo nuestro potencial.

No en convertirnos en alguien diferente, sino en recordar quienes somos.