CÓMO RECUPERAR LA IMAGINACIÓN Y POTENCIAR LA CREATIVIDAD EN LA ERA DE LA HIPERCONECTIVIDAD
Era la hora del té y Alicia corría
hacia la madriguera persiguiendo al conejo.
No sabía exactamente hacia dónde
iba.
Solo sentía la necesidad de entrar en un mundo inventado.
Uno lleno de posibilidades.
De preguntas absurdas.
Y respuestas disparatadas.
Un lugar donde nadie pudiera
arrebatarle la imaginación.
Ni ese pensamiento mágico, último baluarte de su infancia.
Pero ya nada era así.
Alicia dejó de soñar.
Empezó a vivir rodeada de
explicaciones racionales: datos, lógica, productividad, respuestas inmediatas…
algoritmos que se adueñaban de su voz y de las voces ajenas.
Y entonces dejó de inventar
historias.
De crear por el simple placer de hacerlo.
Las musas, muertas.
¿Habéis sentido que vuestra imaginación quedó enterrada bajo el cansancio, las
obligaciones o la hiperconexión?
Como si una parte viva de vosotros
hubiera desaparecido.
Porque, a veces siento, que ese es
el mundo que estamos construyendo.
Uno donde nuestra atención rara vez
descansa, saltando constantemente de estímulo en estímulo.
Y una mente agotada difícilmente puede crear.
Porque crear necesita algo que hoy
escasea: espacio mental.
La neurociencia lleva años
estudiando algo llamado red neuronal por defecto (Default Mode
Network), un conjunto de regiones cerebrales que se activa cuando dejamos
de estar enfocados en tareas externas y la mente empieza a divagar.
Esa red está relacionada con la
imaginación, la introspección, la memoria autobiográfica, los sueños y la creatividad.
Es decir: muchas de nuestras ideas
más valiosas no aparecen cuando estamos produciendo sin parar, sino
precisamente cuando aparentemente “no estamos haciendo nada”.
Por eso tantas ideas llegan:
- caminando
- duchándonos
- mirando por la ventana
- o simplemente aburridos
Hay algo que repetimos muchas veces
los educadores y las educadoras: dejad que los niños se aburran.
El aburrimiento es una puerta
abierta a la creatividad.
Porque cuando un niño no recibe
entretenimiento constante, ocurre algo fascinante: la mente empieza a inventar.
Antes bastaba una caja de cartón
para construir un castillo, una nave espacial o un refugio secreto.
La imaginación rellenaba los
espacios vacíos.
Hoy, muchas veces, ese vacío se
llena inmediatamente con una pantalla.
Y no se trata de demonizar la
tecnología.
Se trata de entender que la
creatividad necesita momentos donde no todo esté ocupado.
Diversas investigaciones muestran
que el aburrimiento favorece la creatividad y el pensamiento divergente porque
obliga al cerebro a generar estimulación interna.
El problema es que vivimos en una
cultura que ha convertido cualquier pausa en algo incómodo.
Esperamos en una fila → sacamos el móvil.
Nos aburrimos cinco segundos → abrimos una
aplicación.
Nos quedamos solos con nuestros pensamientos → buscamos algo
que nos distraiga.
Pero la imaginación necesita
silencio interior.
Necesita tiempo muerto.
Espacios vacíos.
Momentos donde la mente pueda perderse sin un objetivo inmediato.
Y quizá por eso muchas personas
sienten hoy que han perdido creatividad.
No porque ya no sean creativas.
Sino porque viven mentalmente
saturadas.
El scrolling continuo tiene
consecuencias:
- menos capacidad de concentración
- menos pensamiento simbólico
- menos tolerancia al vacío
- menos conexión con nuestro mundo interior
Y eso tiene un coste.
Entonces, ¿cómo recuperar la imaginación y volver a crear?
1. Recupera
momentos sin estímulo
Camina sin móvil.
Espera sin distraerte.
Permítete ratos de silencio.
Tu cerebro necesita espacios donde
no esté reaccionando constantemente.
2. Vuelve a
crear cosas, aunque no tengan sentido
Escribe. Funciona muy bien, nada más
despertarse, escribir tres páginas en una libreta sin pensar. En modo
automático.
Dibuja. Pon música de fondo que te
inspire y deja que tu mano te guíe por trazos de colores.
Imagina historias absurdas, o
recuerda las de tu propia vida.
La creatividad se fortalece cuando
deja de estar sometida a la productividad con sentido.
3. Lee ficción
lentamente
La lectura profunda obliga a la
mente a construir imágenes internas.
Cuando leemos, imaginamos rostros,
paisajes, voces y emociones.
La imaginación participa
activamente.
Y eso también se está perdiendo.
Quizá por eso decidí retomar mi
blog.
Pura rebeldía en un mundo donde cada
vez se lee menos.
4. Permite el
aburrimiento
Como comenté antes, el aburrimiento
es una puerta abierta a la creatividad.
Abúrrete de vez en cuando.
Y deja que tu mente divague.
A ver hacia dónde te lleva.
Quizá, a la madriguera de Alicia.
5. Protege tu
mundo interior
No todo necesita ser compartido
inmediatamente.
Ni siquiera compartido.
Tu mundo interior es algo único,
valioso, irrepetible.
Una fuente de imaginación,
creatividad y crecimiento.
Pero para escuchar esa voz interna
hace falta silencio.
Y quizá ese sea uno de los grandes
problemas de nuestro tiempo: vivimos tan volcados hacia fuera que hemos olvidado
lo que ocurre dentro.
Y en ese olvido no puede existir lo imaginado.
