LA TÉCNICA DE LAS TRES SUERTES: CÓMO FRENAR LOS PENSAMIENTOS NEGATIVOS ANTES DE QUE TOMEN EL CONTROL
Estaba buscando un vídeo de ondas
alfa para escuchar mientras trabajaba. Suelo ponerlas de fondo porque me ayudan
a concentrarme.
Cuando las buscaba el algoritmo de
YouTube decidió recomendarme un short de apenas un minuto del mentalista
y divulgador del comportamiento humano Javier Botía.
Hablaba de algo que llamó mi
atención: la Técnica de las Tres Suertes.
No la conocía.
Hasta donde sé, no forma parte de la
psicología académica como una técnica estandarizada ni ha sido validada
mediante ensayos clínicos. Sin embargo, después de escucharla me pareció interesante.
Este es el vídeo:
Lo que más me gustó es que no
intenta negar las emociones.
De hecho, Botía insiste precisamente
en eso:
"Primero busca las tres
suertes. Después, si quieres, enfádate."
Ese orden, en realidad, tiene mucho
sentido desde el punto de vista psicológico.
¿Por qué
nuestro cerebro se queda atrapado en lo negativo?
Cuando sucede algo desagradable,
nuestro cerebro tiende a conceder mucha más importancia a la información
negativa que a la positiva.
De hecho, existe una amplia
evidencia científica de que, en promedio, la información o los comentarios
negativos tienen un impacto psicológico mayor que los positivos.
Este fenómeno recibe el nombre de sesgo
de negatividad.
Desde una perspectiva evolutiva era
una estrategia muy eficaz. Nuestros antepasados que detectaban antes un peligro
tenían más probabilidades de sobrevivir que quienes se distraían contemplando
únicamente lo agradable.
El problema es que el cerebro actual
sigue funcionando de una forma muy parecida y activar los mismos mecanismos de
alerta que hace miles de años ayudaban a detectar a un depredador.
Te pongo un ejemplo.
Imagina que sales de una reunión.
Nueve personas felicitan tu trabajo.
Una hace una crítica.
¿Cuál es el comentario que
probablemente recordarás durante el resto del día?
La crítica.
No porque seas una persona
pesimista.
Sino porque el cerebro considera que
esa información podría representar una amenaza y le concede una prioridad
especial.
Como consecuencia, nuestra atención
se estrecha.
Es como si toda la realidad quedara
reducida al problema.
¿En qué
consiste la Técnica de las Tres Suertes?
Aquí es donde aparece la propuesta
de Javier Botía.
Cuando ocurre algo negativo, antes
de dejar que la mente empiece a construir escenarios catastróficos, nos invita
a buscar tres aspectos favorables relacionados con esa misma situación.
Siguiendo el ejemplo del vídeo, se
revienta una rueda del coche.
La reacción automática podría ser:
"Qué desastre."
"Voy a llegar tarde al
trabajo."
"No tengo ni idea de cambiar
una rueda."
"Ahora a ver qué hago."
La Técnica de las Tres Suertes
propone detener esa reacción automática durante unos segundos y buscar tres
aspectos positivos de la situación.
Por ejemplo:
- Suerte que tengo
el móvil con batería.
- Suerte que el
seguro incluye asistencia.
- Suerte que ha
ocurrido dentro de la ciudad y no en una carretera de montaña.
Y ahora sí.
Si después quieres enfadarte porque
has perdido una hora de tu tiempo, hazlo.
Pero ya no estás contemplando
únicamente el problema.
Has obligado a tu cerebro a
construir una representación más amplia de lo que está ocurriendo.
¿Tiene base
científica?
Aunque la Técnica de las Tres
Suertes no ha sido estudiada como un protocolo específico, al menos yo no lo he
encontrado, sí guarda relación con varios mecanismos ampliamente investigados
por la psicología.
Uno de ellos es la reevaluación
cognitiva.
La reevaluación cognitiva consiste
en buscar una interpretación más amplia y equilibrada de una situación sin
negar los hechos ni engañarnos sobre lo ocurrido.
Y aquí conviene hacer una aclaración
importante.
Reevaluar no significa autoengañarse.
No consiste en convencernos de que
algo malo en realidad es bueno.
Tampoco en inventar una historia que
proteja nuestra autoestima.
A veces ocurre justamente lo
contrario.
Hay personas que, para evitar
sentirse culpables por el daño que han causado, modifican mentalmente lo
sucedido hasta convencerse de que "no fue para tanto" o de que
"la otra persona exagera".
Ese tipo de reinterpretación protege
la propia imagen, pero distorsiona la realidad.
La reevaluación cognitiva persigue
exactamente lo contrario.
No cambia los hechos.
Lo que cambia es la perspectiva
desde la que los observamos.
Es como
rodear una escultura.
Desde un lado parece una cosa.
Al caminar alrededor descubrimos matices que antes
permanecían ocultos.
La escultura sigue siendo la misma.
Lo que cambia es nuestra forma de verla.
Imagina a un deportista que sufre una lesión
importante.
La lesión sigue siendo una mala noticia. Nadie
diría lo contrario.
Sin embargo, con el paso de los días puede
descubrir aspectos que en un primer momento eran invisibles: disponer de tiempo
para recuperarse física y mentalmente, replantearse algunos hábitos, dedicar
más tiempo a su familia, valorar el apoyo de las personas que permanecen a su
lado o incluso redescubrir intereses que había dejado completamente aparcados.
La lesión no deja de ser una lesión.
Pero ya no es solo una
lesión. Ahí está la esencia de la reevaluación cognitiva.
La realidad se vuelve más amplia que el primer
impacto emocional.
Numerosas investigaciones muestran
que cuando reinterpretamos conscientemente una situación difícil desde una
perspectiva más amplia, disminuye la intensidad de las emociones negativas.
No porque el problema desaparezca.
Sino porque deja de ocupar todo
nuestro campo de visión.
También se
parece a algunas técnicas de psicología positiva
La propuesta de Botía también
recuerda a algunas intervenciones utilizadas en psicología positiva, cuyo
objetivo es entrenar la capacidad para identificar recursos, oportunidades o
aprendizajes incluso en momentos complicados.
Por ejemplo, muchos psicólogos
animan a formular preguntas como estas cuando aparece un contratiempo:
- ¿Qué puedo aprender de esta situación?
- ¿Hay algún aspecto positivo, aunque sea pequeño?
- ¿Qué oportunidad o qué recurso aparece gracias a lo que ha ocurrido?
- ¿Hay algo que yo deba cambiar o mejorar?
No se trata de convertir cualquier
problema en algo maravilloso.
Se trata de impedir que el cerebro
reduzca toda la realidad a una única interpretación negativa.
Porque no siempre podemos elegir lo
que nos ocurre.
Una rueda puede pincharse.
Podemos recibir una crítica injusta.
Perder una oportunidad.
Sufrir una decepción…
Lo que sí podemos entrenar es la
forma en que nuestra mente responde a esos acontecimientos.
No negar la emoción que nos provoca
esa situación.
No fingir que nada ha pasado.
Sino recordar que, incluso en los
malos momentos, la realidad suele ser más amplia de lo que nuestro primer
impulso nos hace creer.
Porque cuando aprendemos a ampliar
el foco, dejamos de mirar únicamente la parte más oscura de la historia.
Los problemas no desaparecen.
Pero dejan de ocupar todo el
paisaje.
Y, cuando eso ocurre, a veces
descubrimos que somos capaces de responder de una manera muy distinta a la que
habríamos imaginado.
E incluso podemos reír donde antes
quizás habríamos llorado.
