FORTALEZA MENTAL: QUÉ ES Y CÓMO DESARROLLARLA
Es uno de mis libros favoritos.
El hombre en busca de sentido, de Viktor Frankl.
Lo he vuelto a releer.
Es bueno recordar de vez en cuando el pasado. Aunque los seres humanos somos bastante torpes y parece que nos cuesta aprender de la historia.
Del daño que hacen las mentalidades extremas.
Da igual hacia qué lado se balanceen.
Cuando se convierten en fanatismo, generan odio, separación y esa peligrosa sensación de supremacía moral que lleva a algunas personas a creerse por encima de las demás.
Hoy, más que nunca, pienso en lo bonita que es la palabra CONCORDIA.
Pero el post no va de eso.
Y no quiero desviarme, aunque mi nEuRoDiVeRgEnCia se rebele a ratos.
Volviendo a Viktor Frankl.
En su libro relata su experiencia en los campos de concentración nazis, donde le arrebataron prácticamente todo.
Su familia.
Su rutina.
Sus paseos.
Sus sueños.
Su vida tal y como la conocía.
En medio de aquel horror, Frankl reflexionó sobre algo que me sigue pareciendo admirable: la posibilidad de conservar una parte de nuestra libertad interior incluso cuando las circunstancias nos arrebatan casi todas las demás.
La libertad de elegir nuestra actitud ante aquello que nos ocurre incluso en medio de las situaciones más extremas.
Y eso me ha hecho reflexionar sobre:
¿Qué es la fortaleza mental?
La ciencia dice que es un conjunto de capacidades que nos ayudan a afrontar las dificultades, regular nuestras respuestas, tomar decisiones y seguir adelante sin perder de vista quiénes somos.
Y lo interesante es que muchas de estas capacidades pueden desarrollarse.
No nacemos con todas ellas perfectamente entrenadas.
Las vamos construyendo a lo largo de la vida.
A veces gracias a experiencias positivas.
Y otras, después de equivocarnos unas cuantas veces.
Pero, ¿cuáles son las capacidades que nos ayudan a ser mentalmente fuertes?
1. Autoeficacia: confiar en nuestra capacidad para afrontar las dificultades.
Significa reconocer que disponemos de recursos para afrontar determinados problemas y que podemos aprender aquello que todavía no sabemos.
Imaginemos que tenemos que resolver un asunto administrativo complicado.
Podemos pensar: Soy incapaz. Nunca entenderé estas cosas.
O recordar que hemos solucionado otras dificultades, buscar información, pedir orientación y empezar por el primer paso.
La confianza no siempre aparece antes de actuar.
Muchas veces se construye después de comprobar que hemos sido capaces.
2. Asertividad: aprender a defender nuestros derechos sin pisotear los de los demás.
Ser una persona mentalmente fuerte también implica aprender a decir que no.
Expresar nuestras necesidades.
Y aceptar que no siempre vamos a gustarle a todo el mundo.
Por ejemplo, alguien nos pide un favor que no podemos asumir.
En lugar de aceptar por miedo a decepcionarle y terminar agotadas o resentidos, podemos responder:
Lo siento, esta vez no puedo ayudarte.
Sin inventar excusas interminables.
Y sin sentir que estamos cometiendo una falta moral por tener nuestras propias necesidades.
3. Regulación emocional: sentir sin dejar que cada emoción decida por nosotros.
Las emociones son necesarias.
El miedo nos advierte de posibles peligros.
La tristeza nos habla de pérdidas.
La ira puede señalar que algo nos parece injusto e impulsar el cambio (a ser posible sin destrozar bienes ajenos como ocurre últimamente por estas latitudes).
Pero sentir una emoción no significa que tengamos que actuar inmediatamente bajo su influencia.
Es importante aprender a reconocerlas y regularlas de la forma más saludable posible.
Imaginemos que recibimos un mensaje que nos enfada muchísimo.
Nuestro primer impulso puede ser responder de manera contundente.
Sin embargo, podemos esperar, recuperar la calma y decidir si merece una respuesta y cómo queremos darla.
No hemos eliminado el enfado.
Hemos evitado que tome todas las decisiones por nosotros.
4. Flexibilidad psicológica: no quedarnos atrapados en una única manera de pensar o actuar.
A veces nos aferramos tanto a cómo deberían ser las cosas que nos cuesta adaptarnos a cómo son realmente.
La flexibilidad psicológica nos ayuda a reconocer pensamientos y emociones desagradables sin permitir que determinen por completo nuestras acciones.
Por ejemplo, queremos iniciar un proyecto, pero sentimos miedo a fracasar.
Podemos esperar indefinidamente a que desaparezca el miedo.
O aceptar que está ahí y dar un primer paso razonable porque ese proyecto es importante para nosotros.
No se trata de ignorar nuestras emociones.
Se trata de que no siempre sean ellas las que decidan el rumbo.
5. Tolerancia a la incertidumbre: aceptar que no podemos controlarlo todo.
Creo que esta es una de las capacidades más difíciles de desarrollar.
Nos gusta saber.
Anticipar.
Tener garantías.
Pero la vida ofrece muy pocas.
Debemos aprender a soltar y confiar.
6. Autonomía: aprender a tomar nuestras propias decisiones.
Escuchar consejos puede ser muy útil.
De hecho, saber pedir ayuda también es una fortaleza.
El problema aparece cuando necesitamos constantemente la aprobación de los demás para decidir cómo vivir.
Por ejemplo, queremos cambiar de trabajo, estudiar algo nuevo o tomar una decisión personal importante.
Podemos escuchar distintas opiniones, valorar las consecuencias y pedir asesoramiento.
Pero finalmente tendremos que preguntarnos qué queremos nosotros.
Porque vivir exclusivamente para satisfacer las expectativas ajenas puede terminar alejándonos de nuestra propia vida.
7. Resiliencia: adaptarnos después de atravesar situaciones difíciles.
La resiliencia no significa salir indemnes de cualquier experiencia.
Hay acontecimientos que nos cambian.
Pérdidas que dejan huella.
Etapas de las que no salimos siendo exactamente las mismas personas.
Pero podemos encontrar maneras de reorganizar nuestra vida.
Pensemos en alguien que pierde su empleo después de muchos años.
Quizá necesite tiempo para asimilarlo.
Sentirá preocupación, tristeza o rabia.
Y puede que no encuentre una solución inmediata.
La resiliencia no consiste en levantarse al día siguiente con una sonrisa.
Consiste en ir recuperando recursos, buscar apoyos y construir alternativas cuando sea posible.
A nuestro ritmo.
Sin exigirnos una resistencia ilimitada.
8. Autocompasión: aprender a tratarnos con justicia.
A veces somos mucho más duros con nosotros mismos que con cualquier otra persona.
Nos equivocamos y nos insultamos mentalmente.
Fracasamos y convertimos ese fracaso en una definición de quiénes somos.
Sin embargo, la autocompasión no consiste en justificarnos siempre ni en evitar nuestras responsabilidades.
Consiste en reconocer nuestros errores sin destruirnos por ellos.
Porque asumir nuestra responsabilidad no exige maltratarnos.
Dicho esto, ¿cómo podemos desarrollar nuestra fortaleza mental?
Cada persona es un mundo. Y ¡qué bien!. Así hay muchos matices de colores.
No hay una fórmula mágica o estándar para fortalecer nuestra psique.
Pero hay pequeños tips que pueden funcionar.
Por ejemplo: observar cómo respondemos a las pequeñas dificultades cotidianas.
Cuando algo sale mal, preguntarnos si estamos describiendo los hechos o anticipando una catástrofe.
Cuando sentimos miedo, distinguir si existe un peligro real o si estamos intentando evitar cualquier posibilidad de incomodidad.
Cuando alguien nos pide algo, comprobar si queremos hacerlo o si estamos aceptando únicamente para no decepcionar.
Cuando cometemos un error, intentar aprender sin convertirlo en una condena contra nosotros mismos.
Y cuando una situación no tiene solución inmediata, dejar de exigirnos encontrarla a cualquier precio.
También podemos entrenar nuestra confianza mediante pequeñas experiencias.
Hacer algo que llevamos tiempo posponiendo.
Resolver un problema sin buscar inmediatamente que otra persona lo haga por nosotros.
Mantener un límite razonable.
Afrontar gradualmente una situación segura que evitamos por miedo.
O pedir ayuda cuando realmente la necesitamos.
Porque ser mentalmente fuertes no significa hacerlo todo solos.
Significa tener la valentía, para reconocer que hay circunstancias en las que necesitamos apoyo familiar, social o profesional.
De eso va ser fuertes.
