FILOSOFÍAS DE VIDA DE OTRAS CULTURAS QUE PUEDEN AYUDARNOS A VIVIR MEJOR
Durante los últimos años he escrito
en este blog sobre distintas formas de entender el bienestar que han surgido en
diferentes rincones del mundo.
Hemos viajado juntos hasta Japón
para descubrir el Ikigai, esa búsqueda de un propósito que da sentido a
nuestros días.
También os he hablado del Shinrin-yoku,
los baños de bosque que nos invitan a reconectar con la naturaleza; del Kintsugi,
el arte de reparar las heridas con oro; del Friluftsliv, que reivindica
la vida al aire libre; del Lagom, que nos recuerda el valor del
equilibrio; o del Nankurunaisa, una filosofía nacida en Okinawa que nos
enseña que algunas cosas solo encuentran su lugar con el paso del tiempo.
Siempre me ha fascinado descubrir
que culturas separadas por miles de kilómetros hayan llegado, cada una a su
manera, a conclusiones muy parecidas sobre cómo vivir mejor.
Porque, aunque cambien los idiomas,
las costumbres o los paisajes, muchas preguntas siguen siendo las mismas:
¿Cómo encontramos sentido a nuestra
vida?
¿Cómo afrontamos la incertidumbre?
¿Cómo descansamos sin sentir culpa?
¿Cómo aprendemos a convivir con la
imperfección?
Hoy quiero continuar ese viaje.
Viajar un poco más lejos para
descubrir otras filosofías de vida que quizá todavía no sean tan conocidas,
pero que contienen una enorme sabiduría y que pueden ayudarnos a mirar nuestro
día a día desde una perspectiva diferente.
Pequeñas invitaciones a vivir con más calma y, quizá, un poco más de bienestar.
1. Ubuntu
(Sudáfrica)
"Yo soy porque nosotros
somos."
Esta antigua filosofía africana pone
el foco en algo que a menudo olvidamos: nuestra identidad no se construye en
solitario.
Necesitamos a los demás.
Ubuntu entiende que una persona solo
puede desarrollarse plenamente cuando forma parte de una comunidad basada en el
respeto, la cooperación y el cuidado mutuo.
En una sociedad cada vez más
individualista, esta idea resulta profundamente actual.
Quizá el bienestar no dependa
únicamente de cuidarnos a nosotros mismos.
También de cuidar los vínculos que
dan sentido a nuestra vida.
¿Qué podemos aprender?
Que pedir ayuda no nos hace más
débiles.
Y que cuidar de otros también es una
forma de cuidar de nosotros mismos.
2. Wu Wei
(China)
El arte de no forzar aquello que
necesita su propio tiempo.
En la filosofía taoísta, Wu Wei
suele traducirse como "no acción", aunque el significado real es
mucho más profundo.
No propone quedarse inmóvil.
Propone dejar de luchar
constantemente contra la corriente.
Hay momentos en los que insistimos
tanto por controlar el resultado que terminamos agotándonos.
Wu Wei invita a distinguir cuándo
actuar… y cuándo permitir que la vida siga su curso.
¿Qué podemos aprender?
No todo depende de hacer más.
A veces, la mejor decisión consiste
en dejar de empujar aquello que no está preparado para ocurrir.
Soltar lo que sabes que no es. Ni va a ser.
3. Meraki
(Grecia)
Poner el alma en todo aquello que
haces.
Los griegos utilizan esta palabra
para describir esas acciones realizadas con cariño, creatividad y dedicación.
No importa si cocinas, escribes,
cuidas un jardín o preparas un café.
Lo importante es la manera en que lo
haces.
Meraki nos recuerda que la calidad
de nuestra vida no depende solo de las grandes decisiones.
También de la atención que ponemos
en los pequeños gestos cotidianos.
¿Qué podemos aprender?
Que vivir con más presencia
convierte incluso las tareas más sencillas en experiencias con sentido.
4. Dolce far
niente (Italia)
El placer de no hacer nada.
Vivimos en una época en la que
incluso el descanso parece tener que ser productivo.
Descansamos para rendir mejor.
Meditamos para ser más eficientes.
Dormimos para trabajar más.
Los italianos llevan siglos
reivindicando algo mucho más simple.
Disfrutar de un momento sin ningún objetivo.
Sin prisa.
Solo por el placer de existir.
¿Qué podemos aprender?
Que descansar no siempre significa
recuperar energía para producir.
A veces significa simplemente vivir.
5. Wabi-sabi
(Japón)
Encontrar belleza en lo imperfecto.
Nuestra cultura nos empuja
constantemente hacia la perfección.
El cuerpo perfecto.
La casa perfecta.
La vida perfecta.
Wabi-sabi propone exactamente lo
contrario.
Aceptar que todo cambia.
Que todo envejece.
Que las cicatrices también cuentan
una historia.
Son las heridas que sanaste.
Y que precisamente ahí reside una
parte de la belleza.
Estas filosofías nos recuerdan:
Que no necesitamos ser perfectos para sentirnos completos.
En la perfección no hay crecimiento.
Quizá por eso, aunque nacieron en
lugares muy distintos del mundo, parecen hablarnos de lo mismo.
De aprender a soltar aquello que no
podemos controlar.
De aceptar que la incertidumbre
forma parte del camino.
De encontrar belleza incluso en los
días de mar gruesa, cuando las olas parecen capaces de engullirnos.
De entender que no estamos solos en
este viaje.
Que no somos barcos a la deriva.
Tenemos un poder inmenso para
decidir cómo respondemos a lo que la vida pone delante de nosotros, aunque
nunca podamos controlar por completo el rumbo del viento.
